domingo, 27 de marzo de 2011

Estructura demográfica


El concepto de estructura, en demografía, es muy sencillo: estructura de una población es el modo en que está repartida dicha población según cualquier clasificación de las personas que la componen (su estado civil, su nivel de estudios, la región de residencia, la edad o cualquier otro).
Por ejemplo, una estructura muy básica es la que clasifica la población según el sexo: los menores de 1 año en la UE son de sexo femenino en aproximadamente un 48% y masculinos en un 52%.

Por tanto hay que olvidar aquí el significado en otras áreas de conocimiento, como la arquitectura, la lingüística o la antropología. Nuestro concepto de estructura es mucho más elemental, y coincide con el utilizado en sociología al estudiar la “estructura social” (el peso relativo que tienen las distintas clases sociales en relación al conjunto de la población ).

Otras características reseñables:
Las estructuras demográficas deben ser exhaustivas, es decir, incluir en alguna de sus categorías a todos los componentes de la población analizada. Nadie debe quedar fuera de la clasificación.

La estructura nos dice el peso relativo de cada una de sus categorías o subconjuntos, no su número absoluto. La conversión a porcentajes es la que permite comparar las estructuras de dos poblaciones aunque tengan un volumen diferente. Si dibujásemos las pirámides de población de China y de Andorra con los números absolutos en vez de los porcentajes, sólo veríamos a China como algo muy grueso y a Andorra como apenas un hilito, y no podríamos comparar sus estructuras. Por el mismo motivo, se haría difícil apreciar cómo ha cambiado la pirámide de una población a lo largo del tiempo, si su volumen ha cambiado mucho también.

Una estructura poblacional siempre corresponde a un momento concreto en el tiempo. Las estructuras se refieren a las poblaciones “congeladas” en un instante particular de su flujo histórico constante, de manera que cualquier tabla clasificatoria de la población en porcentajes del total debe poder ir acompañada de la fecha de referencia. Se habla entonces de “stocks” de población, y las fuentes que los miden se conocen igualmente como fuentes de “stock” (como los Censos de población). Las poblaciones demográficas, en realidad, son entes contínuos que fluyen en el tiempo, sistemas reproductivos que se perpetúan a medida que fallecen sus componentes y son reemplazados por otros. Desde ese punto de vista el stock poblacional corresponde a un corte transversal en el tiempo (muy diferentes son los datos de registro contínuo, como los nacimientos o los divorcios, para los que no tiene sentido hablar de características en un instante y deben ser siempre analizados en relación a un intervalo de tiempo).

Teoría de la Transición Demográfica/2


Contexto histórico del que surge y problemas a los que responde

Según Malthus y su particular concepción de la “naturaleza humana”, las personas se reproducen descontroladamente mientras los recursos lo permitan, hasta alcanzarse un estadio insostenible. Estamos abocados a la catástrofe si no ponemos un freno moral a la procreación (véase la página dedicada a Malthus).

Se equivocaba en todo. Precisamente en su época la industrialización empezaba a elevar los recursos de forma jamás sospechada y, simultáneamente, la moralidad a la que apelaba entraba en un profundo declive. Sin embargo entre las personas de los países más avanzados en ese proceso lo que empezó a extenderse no fue el crecimiento descontrolado, sino una fecundidad cada vez menor. Aún más, los métodos con los que se conseguía esa reducción cada vez tenían menos que ver con los “frenos morales” predicados por Malthus, y más con la extensión de métodos anticonceptivos artificiales muy alejados del moralismo que él predicaba (véase “malthusianismo). Se iniciaba un descenso nunca visto de la fecundidad, que iba a provocar un nuevo miedo demográfico, muy distinto al de Malthus.

A finales del siglo XIX el modelo de “Estado nacional” se había extendido, y el volumen de la población empezaba a ser visto como un arma estatal esencial en los conflictos internacionales y en la “salud” interior. Este nuevo tipo de Estados había mejorado notablemente las herramientas de medición poblacional (censos modernos, registro civil de acontecimientos vitales, institutos de estadística). Fue entonces cuando las élites gobernantes empezaron a recibir noticias del cambio que se estába produciendo: la fecundidad venía disminuyendo sostenidamente, al menos durante buena parte del siglo XIX, y ya a principios del siglo XX se situaba por debajo de los 2 hijos por mujer en muchos países europeos.

El miedo al declive demográfico por parte de las élites gobernantes proporcionó entonces a la demografía su impulso definitivo. Los Estados más poderosos se volcaron en su financiación y desarrollo, a cambio de encontrar remedios, políticas de población que desviasen la dinámica poblacional en una dirección diferente. Las clases dominantes, que se veían en peligro, usaron sus propias claves ideológicas para interpretar estos cambios, y los primeros diagnósticos fueron morales, como lo habían sido para Malthus, por mucho que en un sentido opuesto. La principal explicación del descenso de la fecundidad se busca en la pérdida de valores. El evolucionismo, la reciente “revolución científica” iniciada por Darwin, es aplicado al análisis de las poblaciones humanas, y se habla de “degeneración” y “decadencia” social (ver el post sobre La Decadencia de Occidente). Y las principales culpables son fáciles de encontrar, porque son las personas que paren a los niños: las culpables son las mujeres.

En efecto, si las mujeres tienen menos hijos debe ser porque ya no mantienen los principios tradicionales. Han perdido el respeto a la familia, al padre, al esposo, a las costumbres… incluso traicionan a su patria (es una época de exaltación nacional, que alcanzará el paroxismo con la primera guerra mundial; los hombres luchan, y las mujeres deberían parir muchos hijos para reponer las bajas, y no lo hacen; puedes ver aquí un post sobre el natalismo militarista francés). Por otra parte, a finales del siglo XIX algunas empieza a querer estudiar en las universidades, aparecen las sufragistas reclamando el voto femenino, surge el neomalthusianismo predicando el goce libre del cuerpo y promocionando anticonceptivos artificiales (que hasta entonces sólo usaban las prostitutas), un cúmulo de coincidencias, en fin, que señalan unánimemente su culpabilidad. De hecho la “educación” y adoctrinamiento de las mujeres para que cumplan sus funciones “naturales” de forma eficiente se convierten en objetivos prioritarios de las políticas sociales de la época.

Pero el trabajo estadístico seguía acumulando datos, y en distintos países empezaba a dibujar una explicación muy distinta. Lo observado de forma reiterada y coincidente es que los países que veían descender intensamente la fecundidad habían experimentado con antelación un progreso económico y social revolucionario, que se traducía en un descenso tanto o más acusado de la mortalidad. No había degeneración moral, ni decadencia, ni era el final de Occidente ante los bárbaros de otros contienentes, más prolíficos. Por el contrario, el triunfo de Occidente (económico, político, militar, cultural) se traducía en un nuevo régimen demográfico.

•Arango, J. (1980), “La teoría de la transición demográfica y la experiencia histórica“, publicado en Revista Española de Investigaciones Sociológicas, (10): 169-198.



--------------------------------------------------------------------------------

Teoría de la Transición Demográfica/1


Ésta es conocida como la teoría principal, la de rango más amplio y general, en el campo de la demografía. Postula que existe una ruptura histórica en las dinámicas demográficas tradicionales, ruptura que todas las poblaciones experimentan de la misma manera si se dan las condiciones adecuadas. En realidad, como muchos de sus críticos han hecho notar, más que una teoría es una generalización empírica, hecha a partir de unos cuantos casos observados. Esos casos son los de los países más desarrollados, observados en las primeras décadas del siglo XX.

El condicionante principal de las dinámicas demográficas tradicionales, desde tiempo inmemorial, había sido la escasa supervivencia del ser humano (1/5 de los nacidos moría antes de cumplir el primer año de vida, y prácticamente 1/2 no conseguía llegar con vida a la adolescencia). Repentinamente, el progreso económico habría alcanzado un umbral que desencadenó la ruptura de esta dinámica demográfica, el “antiguo régimen demográfico”, atravesando distintas fases, siempre en el mismo orden, y terminando en un régimen demográfico estable con características muy diferentes (elevada supervivencia y la escasa natalidad). La secuencia de cambios que describe, pero también predice, es históricamente muy reciente. Los países europeos habrían sido los más adelantados en iniciarla (los pioneros allá por el siglo XVIII), pero progresivamente se ha ido reproduciendo en todos los países del mundo. Los más retrasados habrían iniciado la transición apenas en la segunda mitad del siglo XX, y la TTD debería servir para predecir las futuras fases de su evolución.

1- El antiguo régimen demográfico (el pretransicional), caracterizado por tasas de mortalidad y de natalidad muy elevadas, sin apenas crecimiento, y salpicado por “crisis” extraordinarias de mortalidad, por hambres, guerras y epidemias. Es prácticamente toda la historia de la humanidad hasta muy recientemente. Generalmente se la identifica con la economía agraria preindustrial.


2- Transición, con la que inicialmente disminuye la mortalidad (especialmente la infantil y la ocasionada por epidemias y hambrunas), se acelera el crecimiento demográfico y finalmente también la natalidad empieza a disminuir. Por ello suele separarse en dos fases:


- la fase inicial, con la cual la mortalidad disminuye mucho y sin retrocesos, hasta niveles sin precedentes, pero la natalidad todavía se mantiene en los niveles tradicionales, produciéndose un crecimiento demográfico muy acelerado

- la fase final o de culminación, en la que la natalidad responde adaptativamente, bajando también hasta niveles sin precedentes, lo que reduce progresivamente el ritmo de crecimiento poblacional.

3- El nuevo régimen demográfico, o post-transicional, en el que vuelve a recuperarse el equilibrio, esta vez en torno a tasas reducidas de mortalidad y de natalidad, y nuevamente con un escaso crecimiento.

El régimen demográfico moderno parece definirse por: su baja natalidad, su baja mortalidad (sobre todo su baja mortalidad infantil), y la escasa incidencia de la mortalidad catastrófica. Aunque el crecimiento reducido que implican las tasas bajas puede devolver su protagonismo a la mortalidad catastrófica.

Con la revolución industrial la sociedad, la economía y el Estado cambian radicalmente; y también el modelo de familia, y como consecuencia la población. Comienza otro ciclo expansivo de la población conocido como transición demográfica. La transición demográfica es un período extraordinario de crecimiento de la población. Consiste, básicamente, en el descenso de las tasas de natalidad y mortalidad. La forma cómo se hace este descenso provoca el aumento de la población.

La transición demográfica es el paso del régimen antiguo al régimen moderno de población. Este proceso comienza a finales del siglo XVIII o mediados del siglo XIX en los países que se están industrializando, y termina, en ellos, en los años 60 o 70 del siglo XX. Durante este período la población se ha multiplicado entre 2 y 7 veces.

Causas de la situación demográfica


La explicación de los grandes cambios poblacionales en estos últimos decenios es compleja. Algunos de los fenómenos que los explican son:

Disminución de la mortalidad.- El aumento "explosivo" de la población en el último siglo no ha sido debido a que haya aumentado la tasa de natalidad sino a que ha disminuido mucho la mortalidad, especialmente la infantil. Lógicamente, si los nacidos llegan a adultos en mayor número, la población crece, pero además, cuando pasan unos años, aumenta el número de mujeres en edad de procrear y, por tanto el número de hijos que en conjunto tienen aunque el número de hijos por mujer permanezca igual. Así se entiende que el aumento de la población haya sido exponencial.

Disminución de la natalidad.- En todos los países se ha comprobado que años después de que la población haya empezado a aumentar por el motivo anterior, comienza la natalidad a disminuir y se reduce el número de hijos por mujer. Con el tiempo esta disminución contrarresta el aumento de la esperanza de vida. A este proceso se le conoce como "teoría de la transición demográfica".
La teoría de la transición demográfica suponía que la población volvería de nuevo a estabilizarse, pero se ha comprobado que muchos de los países que han disminuido su natalidad han pasado por debajo del índice de reemplazo, con lo que pueden entrar en lo que algunos llaman una "implosión demográfica".

Desarrollo y pobreza.- Que las familias tengan menos hijos está muy relacionado con el nivel económico. Los pobres, especialmente en una economía agraria, tienen más hijos porque son para ellos fuente de riqueza -mano de obra para el trabajo agrícola- y de seguridad para el futuro. Con el desarrollo económico, la educación y la incorporación de la mujer al trabajo, el número de hijos disminuye.
El paso de una economía rural a otra urbana también hace que el número de hijos por familia disminuya. Por una parte porque ya no son tan necesarios para el trabajo del campo y por otra porque la vivienda y las condiciones de vida en la ciudad dificultan la familia numerosa.

Costumbres sociales y políticas demográficas.- La facilidad de las comunicaciones y la influencia de la televisión hacen que los modelos de comportamiento se imiten y contagien a todo el mundo con una facilidad inimaginable hace unos años. De esta manera actitudes divorcistas, abortistas, , permisivismo sexual y programas de control de la natalidad que favorecen modelos de familia con muy pocos hijos se han extendido por todo el mundo con gran rapidez.

Las políticas demográficas antinatalistas también han sido muy activas en los últimos decenios. Las ayudas económicas a los países en vías de desarrollo han estado condicionadas en muchas ocasiones a que pusieran en marcha programas de control de la natalidad. Grandes organismos internacionales han tenido como objetivo principal lograr que los países no desarrollados frenaran su crecimiento poblacional.

El crecimiento de la población mundial se ha producido a un ritmo desordenado, acelerando quizás excesivamente como consecuencia del desarrollo de la medicina, la higiene, etc. Este crecimiento incontrolado, y los peligros que según algunos implica, ha conducido a pensar en un óptimo de población compatible con el aumento del nivel de vida. Así, en España, por ejemplo, ese óptimo sería de 40 millones, teniendo en cuenta el incremento industrial que se espera. De todos modos, la noción de superpoblación exige cierto rigor interpretativo. En época de crisis, por ejemplo, el desempleo se debe, a menudo, más que a una saturación humana a la infraestructura económica. En esos casos suele suceder lo que definiera el economista francés Sauvy como un exceso de hombres en relación con los medios de producción existentes.

Componentes de la Población


Las fuentes para el estudio de la población Para poder estudiar la población es necesario que alguien recoja los datos. Pero esa necesidad es relativamente moderna. Sólo en el siglo XX se han podido realizar censos fiables, y además con los datos que nos interesa estudiar.

El estudio de la población antigua se hace por medio de fuentes indirectas. Cuando las poblaciones estudiadas son muy antiguas se hace una suposición: la densidad demográfica óptima, para poder vivir en un territorio. Si se encuentra un poblado se cuentan los «fuegos» o casas y se calcula que cada familia tendría cuatro, cinco y hasta siete miembros. Pero no es hasta el Concilio de Trento (1545-1563) cuando alguien, la Iglesia, se dedica a anotar sistemáticamente los acontecimientos relativos a la gente: nacimientos, bautizos, matrimonios, defunciones, etc. Son datos muy válidos para estudiar la población pero no siempre son los datos que nos interesan.

Existe un registro civil, donde se deben anotar los nacimientos, defunciones, matrimonios... y cualquier otro acontecimiento que afecte a la vida de las personas. Finalmente cada cierto tiempo se hacen encuestas que nos dan una visión aproximada de la población.

A la hora de contar a la población debemos decidir qué vamos a contar, ya que dependiendo de las características de la población que contemos tendremos resultados diferentes, y por lo tanto deberemos atender a necesidades distintas a la hora de organizar el territorio. Distinguimos varios tipos de población. La población de derecho es aquella que está empadronada en un determinado lugar y es en él en donde ejerce sus derechos civiles. La población de hecho es la que vive en un determinado lugar sin estar empadronada en él. Son personas que se radican durante un tiempo en un lugar sin intención de permanecer en él. Siempre hay una diferencia entre población de hecho y la de derecho. En los lugares de inmigración la población de hecho es mayor que la de derecho, mientras que en los de emigración la población de derecho es mayor que la de hecho. La población flotante es la que se desplaza a vivir en un determinado lugar durante una determinada época del año. Son los turistas en los destinos vacacionales, jubilados que una parte del año las pasa en la ciudad y otra en el pueblo, etc. Por último tenemos a los transeúntes, que son personas que se desplazan durante unas horas a un determinado lugar pero que tienen su lugar de habitación permanente en otro. Es el caso de trabajadores que viven en un pueblo y se van a trabajar a la ciudad, o de determinados lugares de ocio. Una vez recogidos los datos podemos empezar a elaborarlos y a calcular diferentes tasas.

En el estudio de una población interesan tres componentes: nacimientos, fallecimientos y migraciones (emigraciones e inmigraciones). Los parámetros más útiles para el estudio de la población son:

Tasa de natalidad.- Es el número de nacimientos que se producen en un año por cada mil habitantes de ese país. Así, por ejemplo, en España, en 1995 la tasa de natalidad fue de 8,7, lo que quiere decir que por cada mil habitantes nacieron 8,7 niños.

Indice de fecundidad.- Es el número medio de hijos por mujer. Para que se asegure el reemplazo generacional y la población de un país se mantenga, debe ser del orden de 2,1, lo que quiere decir que cada matrimonio (dos personas) debe tener 2,1 hijos. Se añade el 0,1 para contrarrestar la mortalidad infantil.

El índice de fecundidad de un país indica cual es el comportamiento que están teniendo sus habitantes con respecto al número de hijos por mujer (por matrimonio, por tanto). Así, el índice de fecundidad en España en 1995 que fue 1,2, indica que los españoles tuvieron un número tal de hijos ese año que supone que cada mujer tendría en su vida 1,2 niños/as si este comportamiento se prolongara. Si el índice se estabilizara en este valor la media de hijos de la familia española llegaría a ser de 1,2.

Se llega a este índice calculando primero el número de hijos por mujer que han tenido las mujeres de 15 años, las de 15, las de 17,…… hasta las de 45 años (se asume que la edad reproductora es de 15 a 45 años). Se suman todos esos valores y resulta el número de hijos que tendría la mujer teórica que se comportara a lo largo de toda su vida reproductora como lo han hecho las españolas ese año. Ese número es el índice de fertilidad.

Tasa de mortalidad.- Mide los fallecimientos por cada mil habitantes en el año de que se trate. No es una buena medida del nivel de salud de una población porque depende mucho del grado de envejecimiento. Una población envejecida tendrá tasa de mortalidad alta aunque sus condiciones sanitarias sean buenas

Pirámides de edades.- Son representaciones gráficas en las que se representa la población repartida por edades. Reflejan muy bien la historia de esa población: epidemias, guerras, etc. y es útil para predecir el futuro.

Migraciones:
La emigración huyendo de la pobreza ha sido normal en toda la historia de la humanidad. Los habitantes de los países desarrollados no debemos olvidar que durante el siglo XIX más de sesenta millones de europeos, sobre todo campesinos, se desplazaron a Norteamérica y otros lugares en busca de mejores condiciones de vida. Desde España la emigración fue principalmente hacia Sudamérica. En el siglo XX , entre los años cincuenta y los setenta, un gran número de trabajadores de España, Portugal. Grecia, Turquía, etc tuvieron que emigrar hacia los países del centro y el norte de Europa. La crisis económica de los años setenta redujo la entrada de inmigrantes aunque ahora se ha reanudado desde los países del este europeo y los del norte de Africa, principalmente.

Los países con pirámides jóvenes, con mucha población menor de 15 años, y que han fracasado en sus políticas de industrialización y desarrollo, tienen muchas personas obligadas a una emigración forzada. Es la situación del norte de Africa que Europa contempla con preocupación y la de la emigración procedente de Iberoamérica hacia Estados Unidos. Los países desarrollados están reaccionando ante esta presión emigradora con medidas restrictivas y reducciones de los cupos de entrada.

ANÁLISIS DE COHORTE


Hemos visto que una cohorte de nacimiento, entendiendo como tal un conjunto de personas nacidas en un período determinado, puede ser seguido a lo largo de su vida. Si seguimos a todas estas personas a lo largo de su vida hasta que todos han muerto puedo resumir cuál ha sido el comportamiento demográfico de la cohorte. A este tipo de análisis se le llama análisis longitudinal o de cohorte.

Para resumir como de intensa ha sido la mortalidad de la cohorte estudiamos lo longevos que han sido sus miembros. En particular, es posible calcular cuántos años han vivido de media. Para ello no tendré más que sumar las edades exactas al fallecimiento de todos ellos y dividir por el tamaño de la cohorte. A esta cantidad se le denomina esperanza de vida de la cohorte.

Para resumir como se ha reproducido la cohorte ponemos en relación el número de hijos que han tenido con el tamaño de la cohorte. Es práctica habitual centrarse únicamente en la población de mujeres. El número de hijas dividido entre el número de mujeres inicialmente en la cohorte es la razón de reproducción neta o tasa de reproducción neta (NRR, Net Reproduction Ratio en inglés). Un número mayor que uno indica que la generación ha contribuido al aumento de la población.

La razón de reproducción neta no es estrictamente una medida de la fecundidad. Para tener hijas es necesario que las mujeres hayan sobrevivido hasta el momento del nacimiento, y no todas las mujeres de la cohorte lo consiguen. La mortalidad, por lo tanto, también influye sobre la NRR. Es posible, sin embargo, eliminar el efecto de la mortalidad y estimar cuántos hijos de media habría terminado teniendo cada mujer de la cohorte en ausencia de mortalidad. Para ello calculamos las tasas de fecundidad de la cohorte a cada edad, poniendo en relación el número de hijos con las mujeres supervivientes. A la suma de estas tasas se le denomina descendencia final.

La utilidad del análisis longitudinal no se restringe al puro análisis demográfico. En particular el análisis longitudinal es muy aplicable a la economía: podemos observar a qué edad los distintos miembros de una cohorte dejan de estudiar, comienzan a trabajar, se compran un piso o cualquier otra dimensión que nos interese.

ESTRUCTURA POR EDADES



Hasta aquí hemos contemplado a la población en su conjunto. A menudo nos interesa clasificar la población en subgrupos más homogéneos: estudiamos la estructura de la población. La clasificación por edades y sexos es la más utilizada puesto que gran parte del comportamiento demográfico está condicionada por estas dos dimensiones. La representación gráfica en la que clasificamos la población de acuerdo a la edad y el sexo recibe el nombre de pirámide de población, pues para muchas poblaciones (aquellas que crecen o que tienen alta mortalidad) el aspecto del gráfico se asemeja al de una pirámide: hay menos personas según aumenta la edad.

La pirámide de población es un gráfico en el que el sexo masculino figura a la izquierda y las mujeres a la derecha. Para cada edad (o grupo de edad), hay rectángulos horizontales que son proporcionales a los montos reales de población.

La representación gráfica de una población normal toma la forma de pirámide por una simple razón: no todas las personas que integran un determinado grupo de edad pasarán a integrar el otro escalón siguiente, debido a la muerte de algunos de sus integrantes. Otros hechos modificadores de estos ordenamientos son las guerras, epidemias, inundaciones, migraciones, etc.

Las pirámides poblacionales pueden ser clasificadas en dos grandes grupos:

•Rítmicas: con equilibrio evidente entre los sexos y disminución normal de los números correspondientes a cada grupo de edades.

•Arrítmicas: con desequilibrios marcados entre los sexos o bien entre las edades.


La forma de la pirámide de la población es importante, pues nos indica lo joven o anciana que es esta población. Si la base es muy ancha, esto quiere decir que hay muchos jovenes. Esto tendrá implicaciones importantes para la educación o la estructura familiar, por ejemplo. Si la cúspide es muy ancha, tenemos una población madura o vieja. Esto tiene a su vez efectos sobre el gasto en salud o pensiones por ejemplo.

La pirámide de población también nos informa sobre el pasado. Las personas de una edad determinada son personas que nacieron en un mismo período, es decir: cada franja de la pirámide de población representa a una generación o cohorte. El número de nacidos inicialmente representaría el tamaño de la cohorte. Según pasan los años van falleciendo miembros de la cohorte de modo que si seguimos a una generación en una secuencia de pirámides de población, vamos viendo como su tamaño va disminuyendo. Esto ocurriría en ausencia de migraciones. Como las migraciones suelen afectar más a los jóvenes, la existencia de fuertes migraciones modifica la forma de la pirámide de población. Esto es particularmente evidente cuando la población que analizamos es relativamente reducida, por ejemplo, una ciudad o un pueblo